Winchester house: La viuda que construyó una misteriosa mansión para aplacar los espíritus que la perseguían


La escalofriante historia detrás de esta casa dejo helado a más de uno e incluso inspiro un film de terror en 2018

Winchester house:  La viuda que construyó una misteriosa mansión para aplacar los espíritus que la perseguían

Entretenimiento

Febrero 10, 2020 16:16 hrs.
Entretenimiento Internacional › USA
Denisse Medellín › Megaopinion

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La mansión Winchester es, sin duda alguna, una de las casas más misteriosas que existen. Ubicada en San José, California, fue mandada construir a finales del siglo XIX por Sarah Winchester, la acaudalada viuda del magnate heredero del imperio de los famosos rifles.

Tras la repentina muerte de su hija pequeña, Sarah entró en una profunda depresión que se vio agravada años más tarde por el fallecimiento de su marido. Su familia, que es lo que más quería en el mundo, se desvaneció casi por arte de magia y la mujer se quedó sola, únicamente rodeada de los millones de dólares que heredó de la fortuna de William, además de convertirse en la accionista mayoritaria de la compañía. Pero la inmensa riqueza que le reportaba unos ingresos de 1.000 dólares diarios no eran consuelo para su alma en pena.
La viuda no lograba salir de ese bucle de tristeza que la invadía y decidió consultar a una médium para buscar un remedio a su mala suerte. Ésta le aseguró que su familia estaba maldita y que debía mudarse al Oeste para construir una casa especial para todas las víctimas que habían muerto a causa de las armas Winchester. Sarah dejó Connecticut y se trasladó a California para dar comienzo a un proyecto de vivienda interminable.

Tal y como le dijo la espiritista, la mansión debía permanecer en construcción continua con tal de apaciguar a esas almas que vagaban en un tormento sin fin. Vestida de riguroso negro, Sarah no tenía ningún plan maestro para levantar el edificio, de estilo victoriano, tampoco disponía de arquitectos y no se dejaba ver entre los vecinos del pueblo. Ella misma dibujaba los bocetos por la noche y se los mostraba al capataz. La casa debía construirse durante las 24 horas del día, sin descanso. Y así se hizo durante 38 años, hasta que la apenada Sarah murió mientras dormía el 5 de septiembre de 1922. Tenía 83 años.


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