Una amarga confesión de Picasso antes de morir


LA FAMOSA CARTA DE PICASSO A GIOVANNI PAPINI

| Genaro Portillo | Desde SN Noticias
Una amarga confesión de Picasso antes de morir

Cultura

Octubre 14, 2019 17:05 hrs.
Cultura Nacional › México Sinaloa
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Picasso es un genio, no me cabe la menor duda. Sí me caben dudas, y muchas, acerca de un aspecto de su arte. Me pregunto si en un momento de su carrera, viéndose ya por encima del bien y del mal, decidió, o no, recorrer el camino fácil del esperpento sabiendo que, hiciese lo que hiciese, iba a ser aplaudido por una corte de halagadores, papanatas y mercaderes dispuestos a hacer cualquier cosa para que el mercado siguiese en ascenso. Es difícil resistirse a esta tentación cuando cada día es una invitación a ello y te permite sacar más rentabilidad a tu tiempo. Y me respondo que sí, que creo que se dejó arrastrar por esa tentación. Cuando lo digo, siempre hay alguien que me anatemiza, porque lo ’correcto’ es hacer todo tipo de alabanzas incondicionales a su genio. No me importa. Aguanto el chaparrón, pero sigo casi convencido de ello. Hace unos días leí unas declaraciones del propio Picasso, hechas en el año 1963, sobre este tema y dejé de estar casi convencido para convencerme del todo.

PABLO PICASSO: UNA AMARGA CONFESIÓN
Texto íntegro de las declaraciones hechas por Pablo Picasso a la revista de L´ Association Populaite des Amis de Musées, ’Le Musée vivant’ nº 17-18 del año 1963.

’Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dedo cuenta de que el arte, tal y como se lo concebía hasta finales de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía. Los hombres se apartan, se desinteresan cada vez más de la pintura, de la escultura, de la poesía; aparte de las apariencias contrarias, los hombres de hoy tienen puesto su corazón en otra cosa muy distinta: las máquinas, los descubrimientos científicos, la riqueza, el dominio de las fuerzas naturales, y de todos lo territorios del mundo. Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados’.

’Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento’.

’Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte, poco a poco, relegado a los museos y las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Por mi parte, desde el ’cubismo’ y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza’.

’En la actualidad, como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra’.

’Ha habido grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero que tiene el mérito de ser sincera’.

En esos siglos pasados de los que nos habla Picasso en los que el arte se sentía como una necesidad vital, una necesidad espiritual, todavía existían, unidas a la belleza que se pretendía expresar con el arte, la verdad y la bondad. Eran lo mismo. Eran Uno. Aristóteles dijo que eran distintas facetas del ser. La Verdad, la Bondad y la Belleza eran reflejo del Ser. Pero ya no. Desde hace siglos, la Verdad a dejado de existir. O mejor dicho, los hombres, en un largo proceso que se inicia en Guillermo de Occam y acaba en la posmodernidad, la han querido desterrar de su ’realidad’. Han tachado de fundamentalistas a los que creen que existe la Verdad. La Verdad ha muerto, dicen. O mejor, cada uno tiene su verdad. Pero si muere la Verdad, muere con ella la Bondad, porque no hay Bondad que pueda basarse en maremagnum de la indiferencia y si no hay Verdad, todo da igual, todo vale lo mismo y nada es verdad ni mentira. La Belleza se ha quedado sola. Pero algo que es Uno, como lo son Verdad, Bondad y Belleza, no puede subsistir roto. Y en el último capítulo de la serie, estamos asistiendo a la muerte de la belleza, asesinada por quien no puede creer en la Belleza al no creer en la Verdad y no poder, por tanto, sustentar la Bondad.

Como dice Picasso, las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, están dejando el arte, poco a poco, relegado a los museos y las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado.

"Lamentablemente, la reflexión moderna tiene poco que ver con la emoción estética. Es más imprecadora que jubilosa. Y sin embargo, las obras maestras son siempre, en definitiva, himnos de agradecimiento. ¿Tiene la belleza un sentido? No podemos prescindir de ella, pero ese sentido sobrepasa nuestro entendimiento. [...] Hemos erigido lo útil en valor supremo. Pero, la utilidad suprema, esa que toca el alma, ¿no es precisamente la belleza?" Es difícil describir la paradoja de la posmodernidad de forma más lúcida de cómo lo hace Louis Pawels en la frase anterior.

Pero, afortunadamente, Verdad, Bondad, Belleza y Unidad, como trascendentes del Ser, existen crea o no en ellas nuestra empobrecida cultura posmoderna. Y existen en lo más profundo del ser humano, allí donde nadie las puede matar del todo. Estoy convencido de que los artistas tienen la inmensa responsabilidad ante la historia de usar su genio para devolver a la vida la Belleza y, detrás, la Bondad y la Verdad. Si no, ¿quién resucitará la utilidad suprema, esa que toca el alma? Esta amarga confesión de Picasso, tan dolorosa como sincera, es una añoranza de esa misión traicionada. Por eso, aunque artistas como Picasso hayan traicionado esa responsabilidad, Belleza, Bondad y Verdad acabarán por renacer, en la Unidad, como el ave Fénix, de sus cenizas y creo que será la Belleza la que primero resucite. Como dice el Concilio Vaticano II en su mensaje a los artistas: "Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración".

Estoy convencido de que la nostalgia de la belleza será más fuerte que el afán destructivo de todo valor de la posmodernidad. Por eso creo que la Belleza salvará al mundo.


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